¿Qué comunican los espías?

Me supera. Tímidas lágrimas que se atreven a romper la entereza de mi alma. Encuentros. Cortos. Intensos. Mucha presión. Ucrania y Rusia. Israel y Palestina. Mi hijo pequeño en Tierra Santa. Complejo. Espías rastreadores.

Y Carlos Holemans. Me lo presenta mi amiga del alma, claro.  

Me acerco a la oreja de ella y le pregunto quién es él. Alza la voz para que todos la escuchen:

Carlos ha escrito “Los espías no hablan”.

Esto…

Un libro sobre su padre.

¿Y?

Espía doble, pintor, independentista flamenco y caballero templario en la época de la dictadura franquista y la Segunda Guerra Mundial.

Me pregunto cómo digerir todo esto y su relación con las barbaridades geopolíticas del presente. Y me leo el libro.

Ufff… la vida no es lineal. Las emociones tampoco, ni las relaciones.

Mi amiga del alma me recomienda que lo complemente con la lectura de “La muerte de Merlín (I): Sobre el destino de las naciones”, escrito por Walter Johannes Stein.

¿Quién es Stein?, le pregunto.

Un buen pedagogo y conferenciante austriaco provocador.

¿Provocador?

Provocaba que las personas cultivaran el pensamiento crítico. Instalado en Alemania, con todo lo que estaba cocinándose marchó a Londres en 1930, donde editó la revista “The Present Age”. Muy convulso todo. Además, el Tratado de Versalles preparó el terreno para desencadenar la Segunda Guerra Mundial. Un desastre. Si en la Primera murieron más de seis millones de civiles, en la Segunda sobrepaso los veinte millones.

¿Cómo se puede digerir esta barbaridad?

Y mi amiga del alma añade:

Stein, que ya dejó este mundo en 1957, escribe que a lo largo de la historia surge tres veces ante la humanidad el problema de la relación entre Oriente y Occidente. Y ubica la tercera en la actual época, donde se están incrementando las polarizaciones.

No me hace ni pizca de gracia, claro. Y lo veo con la que está cayendo ahora. Pero leyendo el libro de Stein también descubro que hace propuestas ante tal situación.

Propuestas sorprendentes relacionadas con la triformación social y el cultivo del arte social. La escucha activa. La buena comunicación o comunicación verdadera.

Para ello es necesario tener los pies bien asentados en el suelo y aprender a observar la realidad, me recuerda mi amiga del alma.

Y entonces me sugiere otra lectura, muy actual, del sociólogo Kingsley L. Dennis: “Asalto a la realidad; biopoder y la normalización del engaño”.

Lo leo. Abrumador. Pero aporta claridad mental. Analiza los procesos como la biopolítica, la biología del control, el biocapitalismo, el tecnototalitarismo y el psicopoder.

Ante todo ello, Dennis también da pistas sobre nuestras propias herramientas para sobrepasar esta incertidumbre hacia un estado de coherencia interna.

Y el poder de la coherencia interna es imprescindible para promover el bienestar social, la buena comunicación. Sin caer en las trampas de lo que comunican espías, gobiernos u organismos internacionales.

Lástima que tuvo que suspenderse la presentación del libro de Carlos Holemans sobre su padre, en Barcelona el pasado jueves 19 de octubre. Carlos quedó atrapado en el tren de alta velocidad que venía de Madrid durante varias horas. ¿Un boicot del universo?

Más pistas el próximo 4 de noviembre en Cardedeu donde hablaremos de la buena comunicación (https://bitly.ws/Yt5r).

No sé si habrá espías.